jueves, 18 de junio de 2015

EL HOMBRE Y LA FLOR

Acabo de leer un cuento que me hizo pensar.
Ultimamente me gusta leer cuentos cortos, cuentos tipo fábula, con o sin moraleja, con firma conocida o con una anónima X en su final; no importa. Lo que me interesa es quedarme con la "enseñanza" que a veces (casi siempre) transmite y además y sobre todo saber como fue escrito, con que intención, con que necesidad.

En efecto, cada vez estoy más convencido que las cosas que hacemos, sobre todo si las hacemos voluntariamente, obedecen a necesidades a veces ocultas ( a veces no ocultas ). Pienso y digo más : esa necesidad que tenemos de hacer o decir cosas y de transmitirlas a los demás, es mucho más imperiosa cuando lo que hacemos muestra, se dirige, se refiere o implica un sentimiento trascendental.

Creo que los Seres Humanos (y algunos animales), buscamos inconscientemente la trascendencia, la belleza, la armonía: Y digo inconscientemente, porque la búsqueda voluntaria, consciente, es evidente en muchas personas, pero no en todas y además muchas personas lo niegan.
Me quiero referir a todos aquellos actos que realizamos, o todas aquellas manifestaciones que  hacemos y que aparentemente no suponen voluntad de trascendencia o elevación personal de cualquier tipo. Y sin embargo, a poco que rascamos, debajo de un caparazón totalmente forzado, de "materialismo", aparece una necesidad de hacer la vida más agradable, más soportable, más VIVIBLE.

Es muy posible que quien me lea (si, si! tengo la esperanza de que alguien me lea, ya sabéis, lo que intento transmitir en estas líneas), es muy posible, digo, que no me entienda, que encuentre mis palabras desordenadas y sin sentido; para intentar ilustrar con más claridad, aquí va el cuento que citaba al principio.

Belleza para vivir


Una mañana llegó a las puertas de la ciudad un mercader árabe y allí se encontró con un pordiosero medio muerto de hambre. Sintió pena por él y le socorrió dándole dos monedas de cobre. 

Horas más tarde, los dos hombres volvieron a coincidir cerca del mercado:

- “¿Qué has hecho con las monedas que te he dado?”, preguntó el mercader.

- “Con una de ellas me he comprado pan, para tener de qué vivir; con la otra me he comprado una rosa, para tener por qué vivir…”
 Estoy convencido de que necesitamos algo más que pan; y no me refiero únicamente a nuestras inquietudes por la cultura, la poesía o la música. Me refiero a una necesidad oculta y que muchas veces no reconocemos.

Yo sigo buscando.

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